Tuesday, February 10, 2015

El drama de ser pobre y gilipuertas: Historias breves.


El otro día, me entró la necesidad imperiosa de tener el carnet de la biblioteca.. que en realidad lo tenía, pero no sabía donde porque mis carnets viajan mucho de bolsillo a bolsillo y de cartera a cartera.
Mi cabeza me decía que el carnet estaba en el hogar familiar, en una estantería... es más, mi cabeza visualizaba perfectamente el carnet, pero la madre rastreator me comunicó por whatsapp que nanai.
Yo no me lo explicaba.
Revisé la cartera... el carnet de conducir, el bonobur, el bonobus, el carnet de la universidad, el carnet de morirte en la sala de urgencias... vamos, que nada, que ni rastro. Pensé: Bueno mira Ana, no te preocupes porque seguro que estaba caducado.

Al día siguiente quedé con el doble de Marron para volver a tener carnet de la biblioteca y claro, tuve que confesar que lo había perdido. Un dolor muy grande porque yo no soy de perder cosas (la dignidad a veces) y porque me cobraron 2 euros. Pensé: Bueno, da igual, ahora hay que darlo uso.

Y al día siguiente otra vez (porque los días pasan y la vida sigue aunque sea con dos euros menos) pues estaba yo metiendo mi nuevo carnet con sus hermanos.. y veo uno similar asomando. No puede ser... pero sí, si podía ser. Allí estaba el mismito carnet que había ''perdido''.
Ahora tengo dos con números de socia diferentes (porque resulta que el carnet no caduca) y bueno... pues me siento en crisis de identidad hasta que solucione esto... drama.

No sé si con este relato queda suficientemente claro el título de la obra, por lo que me veo en la necesidad de contar otra historia...

Una historia sobre el frío mortal que ha abrazado la ciudad estos días. Mi coche Aspirina había estado durmiendo en la calle todos estos días y yo tenía miedo de que hubiera entrado en coma de nuevo, pero cuando hizo un poco mejor bajé a buscarlo y comprobar su estado.
(Inciso: Muchos días antes habíamos bajado a ver el coche del vasco kamikaze, que tenía estalactitas en los retrovisores y de paso saludé a Aspi que estaba más blanco que cuando lo limpio. El caso es que el coche del vasco kamikaze hizo un trompo en una rotonda y yo, conociendo a Aspi, me prometí a mi misma no molestarle en estos días de frío)
El caso es que ya hacía un tiempo suficientemente decente como para poder disfrutar de una conducción segura... y me fui a buscar a bebecín y Barcos a la autoescuela.

Quité lo poco que quedaba de nieve, raspé el hielo... el hielo de fuera del coche y de dentro. Sí amigos... al dar el aire ''caliente'' que hace que el hielo se derrita y facilite mi labor, se formó una capa de hielo dentro del coche. Fue divertido. La historia es que hasta que no llevas un siglo conduciendo, el aire ''caliente'' no sale caliente.. y bueno, salió frio y pum.. hielo.
Y allí estaba yo, con la rasqueta dentro del coche quitando hielo. Y la gente me miraba. Y yo pensaba: Nadie me comprende.





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