Saturday, January 3, 2015

Resucité al tercer día

Página 1 de.... Qué es broma!

Empezaré por contar el fin de año aunque rara vez soy cronológica... pero os lo voy a dar organizado.
Todo empezó (o terminó, según lo mires) cuando le dije a mi padre que me cortara el turrón (Esto igual debería explicarlo...)


Capítulo 1. El turrón de Escuchar (o de Schuchard)

Ya se sabe que en cada lugar hay una tradición para empezar el año, en Italia es comer lentejas según tengo entendido... que yo no sé como alguien puede empezar bien un año con lentejas, pero bueno.
Aquí la tierra se toman 12 uvas (no sé porque os cuento esto porque ya lo sabéis), el caso es que yo no.. que supongo que no seré la única vaya, pero en la república independiente de mi cuerpo empezamos el año con turrón.
De pequeña pues ni fu ni na, miraba la tele sin hacer nada mientras los demás se jugaban la vida tragando uvas... pero un día empecé a sentirme fuera de lugar y me corté doce cachitos de turrón.
Pequeños, muy pequeños.
Este año le pregunté al señor que me creó que si podía cortarme él los cachitos, porque yo vete tu a saber que estaba haciendo (pasar por chapa y pintura creo)...
El caso es que yo no sabía que mi padre era vasco....Pues no va y me trae el hombre 12 tabletas de turrón para cada uva (no, pero casi) y claro, llegó un momento que ahí ya no cabía más turrón y la cosa empezó a desbordar... véase mi cara llena de chocolate, con la babilla colgando y un ataque de risa... primer show del año.
Y claro, primero pero no último..


Capítulo 2. ¡A tu clase social niña!

Este año nos hicieron el lío para acudir al mismo cotillón de todos los años, porque verán... íbamos a ir otro pero nos cambiaron la entrada como quien te timaba cambiando cromos en Cantarranas.
Y allí estábamos otro año más.
Había dos colas para entrar, dos colas no señalizadas... pero una era la de la gente rica y otra la de la gente pobre. Claro, que era difícil saber porque íbamos todos disfrazados.
La niña de nombre comestible, la del piercing preso y yo, nos habíamos colocado en la cola de pobres porque nos habían llevado allí las piernas y el corazón (llámalo intuición) pero Lady novelas románticas de la campiña inglesa se había puesto en la cola de los ricos.
Como Lady novelas románticas de la campiña inglesa no contestaba al teléfono, tuvimos que abandonar nuestra posición privilegiada en cabeza de fila para ir a buscarla a la cola de ricos.
El caso es que la cola de ricos empezó a parecer la de pobres porque había allí demasiada gente... y nos comimos esa cola para que al final, un armario disfrazado de persona, nos mandara a la de pobres.
Y en la de cola de pobres murieron los deditos de nuestros pies por tener que esperar más tiempo que lo que dura una misa del gallo (o sea, mucho)


Capítulo 3. No me creen

Como no habíamos tenido suficiente con hacer 3 colas, hicimos una cuarta... la del ropero.
Empecé a detectar una violación en el perímetro de seguridad de mi espacio personal... Una mujer estaba siendo seducida por mi espalda y alerté de ello a volumen +5 con el fin de que me oyera y dejara de desvestirme (y no lo estaba haciendo con los ojos, no... fue un: EH, QUE ME ESTÁN DESNUDANDO). El caso es que yo no sé si le gustaba mi vestido y se lo quería poner o qué.. pero cuando por fin estoy entregando mi abrigo a la muchacha de las perchas me dice la que hace dientes: Uy, si tienes la cremallera del vestido bajada... y yo: CLARO.
Después de esto no volví a seducir a nadie. Bueno, un person se me acercó me llamó nórdica sosa y se marchó.


Capítulo 4. No siento la vida

Era la hora de ir a casa a desayunar los dos cachos de pizza del día anterior y quitarse la ropa y los zapatos de princesa, sobre todo los zapatos.
Le pedí al taxista que me llevará a mi casa y me vio tan rubia y elegante que se pensó que era tonta y me quiso hacer la de caperucita llevándome por el camino largo... pero le salió mal porque yo estaba más despierta que un jueves a las 7 de la tarde y le dije: Aquí chato. (No exactamente) Y como mi casa mola y se puede entrar por dos calles distintas pues ahí se quedó el señor con su cara grande y yo andando unos metritos más.
Ya en el hogar pude bajarme de los zapatos y sentí que no eran míos esos piecitos. Me hice el desayuno y me fui a la cama a soñar.
Y no os lo perdáis, que soñé que estaba de cotillón otra vez... se conoce que fue poca la fiesta pero solo nos faltó ver amanecer por el techo, como los canis en la Penelope de Benidorm (ojo, que es una cosa hermosa cuando sales acabado a la luz del día como un vampiro)


Y hasta aquí el resumen de una noche de invierno.









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