Saturday, November 8, 2014

Haway, Bombay... son dos paraísos que a veces yo me monto en mi piso


Las mujeres de los anuncios tienen momentos de paz y tranquilidad cuando desayunan cereales con fibra... yo tenía momentos de paz cuando me duchaba.

No pretendo que esto sea un relato erótico sobre desnudez, espejos empañados y aromas frutales inundando el cuarto de baño... pero sí, eso lo había. También estaba mi dulce voz rebotando en la mampara del baño, con las canciones de la playlist de ducha del Spotify.. y esos conciertos eran de todo menos eróticos.

El caso es que he dicho que duchándome tenía mi momento de paz y es cierto, tenía, en pasado.
No es que haya dejado de ducharme, no. Es que la ducha me ha declarado la guerra...
Todo empezó un día normal que como siempre dejé correr el agua hasta que salió caliente y empecé a ver como el plato de ducha se llenaba y desaguaba muy lento (no sé si esa palabra existe pero me entendéis, cuando la ducha no traga).
A pesar del asco que me dan los desagües, metí la manita para desatascarlo y parece que la cosa funcionó por el momento..
El resto de días el proceso fue el mismo, solo que cada día se llenaba más la duchaba y el desagüe parecía no estar obstruido.

Hasta que llegó el día temido. El agua subió tanto que creí estar en un camarote del Titanic... prácticamente bucée hasta el desagüe pero es que no había nada atascado... el caso es que no estaba atrapada, estaba atrapadísima.
El agua llegó a un nivel muy alto, parecía una inundación del Pisuerga... pero pensé que la mampara era de calidad y no había ocurrido nada.
Cuando pegué la nariz al cristal para observar mejor (porque mis gafas estaban al otro lado, me encontraba totalmente indefensa) vi que mi albornoz había cambiado de color y tenía espuma por encima..

Esperé pacientemente a que el agua llegara a ras de mampara para poder salir de esa jaula de cristal y vi como el suelo del baño era ahora un estanque de patos y mi albornoz pesaba 5 kilos más.
Parecía que me había duchado con el albornoz puesto, aun así lo escurrí un poco y me lo puse para presentarme en sociedad. Pedí ayuda a la niña de ojos de mar y el bebecín mientras enviaba ropa a los radiadores y lejos de sus miradas, como si estuviera en el programa de Adan y Eva entré en mi habitación para ponerme algo más 'ligero'.
Mi sorpresa fue que cuando acudí a pedir ayuda, comprobé que el estanque de patos llegaba más allá... hasta el sofá de mi oficina.

Por suerte no se ahogó nadie, aunque ahora he de vigilar el desagüe de la ducha y ya no hay paz.


Friday, November 7, 2014

El fiero de mi niño


A veces pasa que el mundo no es justo y cuando se rompe una cosa... se rompen un montón más en cadena, sobre todo si eres pobre. También sucede que las cosas se rompen en el preciso momento en que las necesitas muchísimo más que nunca antes.

Ayer necesitaba mi coche, mucho, muchísimo... pero entró en coma.

Os contaré como es mi amado coche, que paradojicamente se llama aspirina aunque me da muchos dolores de cabeza...
Es un coche como otro cualquiera pero mejor, porque es mío. Me lleva a sitios y somos felices...a veces le meto en terrenos abruptos pero confío en sus capacidades... le llevo al elefante azul y me dejo los cuartos para que quede precioso y reluciente... me hace muscular más que las máquinas de un gimnasio en cada curva... le quiero.

Hace meses dejó de funcionar la típica cinta que metes en el radiocassette y tiene un cable para enchufar el móvil... fue una gran pérdida, al principio. Luego me di cuenta de que muchas personas entraban en el coche y agarraban el cable incluso antes de saludarme, empeñados en poner música que no me gusta... pero ya no. El caso es que existe otro aparato que se enchufa al mechero del coche (será que no tengo yo recursos...) y que logré hacer funcionar con mis habilidades para arreglar cosas tocando aquí y allá. Pero un día, misteriosamente, alguien tocó el botón que no debía.. y no conseguí sintonizar nunca más el aparato... hasta ayer.

Ayer quería hacer el viaje ameno, rollo concierto... y me decidí a reparar el daño hecho. Gracias a que se leer y conservaba las instrucciones de la radio, la música de mi mp3 volvió a inundar cada rincón de aspirina.. pero claro, si algo sale bien algo tiene que salir mal.. porque así funciona mi karma.
Cuando el bebecín y yo tras esta victoria, nos decidimos a ir a clase... éste había entrado en coma.
Pensé: vale, soy idiota y se ha bloqueado, como siempre... pero no. Se había declarado en huelga, había dicho que no arrancaba y no arrancaba..
Nos fuimos a clase. La desesperación recorría mi cuerpo de pies a cabeza mientras veíamos a Howard Hawks y solo deseaba llegar e intentar arrancar a aspirina otra vez..
El waka gigante me acompañó y fuimos a pasa ligero (bueno... él andado, yo corriendo..) y llegamos y claro, aspirina seguía sin dar señales de vida..

Yo tenía que resucitar al coche si o si, y si tenía que hacerlo, iba a hacerlo.. así que paré a un señor vecino y le usé de padre, esto es, que le conté mi problema y le supliqué ayuda. Para mi sorpresa, el hombre se metió en el papel de padre... se implicó, pero estaba un poco perdido. El señor tenía su propio hijo y tenía que llevarlo a algún sitio, pero dijo que volvería para ayudarme..
El tiempo pasaba y paramos a otro señor, esta vez un señor de esos que te miran como si fueras inútil y les hiciera gracia tu problema... total que llamamos a la grúa.

El señor de la grúa era peculiar, le tuve que explicar por donde se entraba a la calle pero no nos entendíamos.. así que me hizo subir a la grúa y tuve que escalar literalmente para llegar al asiento... El waka gigante fue con aspirina y me abandonó con aquel extraño que hacía pirulas al volante y hablaba suahili..
Formamos un atasco en la calle, una señora pitaba (en Burgos son muy de claxon fácil) y el hombre de la grúa le hizo un gesto del bronx. Tras varios minutos el hombrecillo arrancó el coche (hacía cosas raras con él y no me explicaba nada, hasta el punto que llegué a pensar que se lo iba a llevar con mi maleta y todo en el maletero... ) Yo respiré aliviada, el waka gigante fotografió el momento y dejó constancia en twitter... y lo divertido fue cuando me dijo: Es muy importante que no lo pares en media hora al menos.. Yo pensé: qué divertido, si yo tenía que echar gasolina antes de partir!

Me despedí del waka gigante, iba a hacerlo, iba a llegar a mi hogar.
Era de noche y no veía nada porque aspirina también es miope... La gasolina estaba casi en la reserva y yo tenía miedo de parar en una gasolinera de la autovía, porque las hay de esas que te desvían por otro lado y te pierdes... además en todas las películas de miedo que una mujer va sola, de noche, a echar gasolina... muere. Y siendo rubia tengo el doble de probabilidad.
Total que le supliqué al universo que me dejara llegar a casa sin echar gasolina, que yo había venido a jugar. Cuando quedaban 50km se encendió la reserva y empezó a llover, la cosa se ponía emocionante...

Y llegué.
Hoy aspirina va a la revisión de coches y tengo miedo.