Friday, October 17, 2014

Culo inquieto se nace

A mi me nacieron con mucha fuerza de voluntad... pero mucha a veces no es suficiente.

Era jueves, uno de esos con una fiesta a la que acudirá todo el mundo y que te hace pensar que no puedes faltar... pero puedes, lo que pasa es que no lo sabes todavía. 
Pues estaba yo pensando qué hacer en la vida porque si me quedaba en casa con la niña de ojos de mar y el bebecín sabía yo que me liaran para acabar de parranda como Peret y si no me liaría yo sola.
Total que me hice la maleta (metí cosas al azar que fui encontrando fuera del armario) y me marché al tren. 

Una vez en el tren, me repetía a mi misma que estaba haciendo lo correcto, que al día siguiente sería una persona productiva y sana.. 
A mi lado iba una persona normal.. y esto es importante teniendo en cuenta acontecimientos anteriores y posteriores.. hago aquí un inciso: 

Semanas antes que volvía yo en tren de vete tu a saber donde, se sentó a mi lado un hombre extraño... vestía de negro y llevaba gafas, pero no veía los números de los asientos y gritó a una señora para averiguarlos.  Era un señor grande que me preguntó algo que no recuerdo. Sus ojos estaban enfadados, no querían mirar al mismo sitio.. y de su cuello colgaba una cruz de madera, pero rara... no era una cruz de toda la vida de dios. Al rato sacó un libro de 'mariologia' y yo inocente de mí no tenía de idea de que era aquello... pensé que era un libro de humor, total que empecé a leer furtivamente palabras al azar porque tenía que alimentar mi curiosidad. Leí 'Bienaventurada', 'virgen', 'milagro'... y paré. 
Entendí el concepto y observé como el hombre no cambió de pagina en la hora y pico del trayecto... postureo de biblioteca pero en el tren. Al rato pasó el interventor preguntando quien iba a Miranda... El hombrecillo peculiar se puso a gritar y agitar su billete gritando que él iba a Burgos. Cuando la señora del altavoz indicaba que llegabamos a Burgos, el señor me preguntó que si llegabamos a Burgos.. y después de eso me pegó. Me pegó con su maleta, su maleta me deseaba y se lanzo sobre mí.

Y volviendo a la actualidad.. 
Di las gracias de que a mi lado fuera una persona normal, sobre todo porque cuando ya estábamos llegando al destino, el tren se paró y se apagaron todas las luces. Yo seguía tan pachi contando aventuras y desventuras por whatsapp mientras me imaginaba que el tren se había parado porque iba a entrar un señor con hacha a decapitarnos a todos.. (mi imaginación es muy rica). Hasta que se encendieron las luces de emergencia solo pedí al universo que ninguna mano extraña me tocara.. 
Las luces estaban juguetonas y no querían encenderse, los monitores ponían pantallazos de colores.. y así hasta que volvió todo a la normalidad, aunque ya había señores susurrando pánico. 
El tren estuvo fantasma cosa de 15 minutos y mi padre pensó que yo era tonta y no sabía ir a la puerta de la estación además de pensar que yo había borrado el tren de las pantallas de renfe... el caso es echar la culpa a alguien. 

Llegué al hogar y me fui a descansar para lograr mis propósitos... Al día siguiente me levanté incluso pronto, desayuné como una princesa y me cogí un bus para ir a la estación de tren otra vez porque me gusta...me gustan los trenes y las personas que van en ellos. 
No me subí al bus sin antes matar una microaraña de la manga de mi camisa de forma épica (me estoy volviendo una mujer muy valiente). 
El bicho en cuestión era negro y si no actuaba con rapidez se iba a meter por la manga de mi camisa y yo me hubiera tenido que arrojar delante de un coche, directa a los brazos de la muerte.. pero no me quiero entretener con esta historia, la maté con el móvil. 

Hacía un calor propio de un día de verano y como un dejà vu me encontré con el niño de la seminchi. Pasamos la mañana viendo como los de renfe jugaban a cambiar los trenes de vía y nos daban un ratito más al sol.. aunque somos más de sombra. Después de comprobar que todo estaba en orden en las vías me subí a un urbano para volver a casa...Me sentía segura porque según mi madre llevaba el bonobus cargado cargadísimo.. pero la muy malvada me tendió una trampa. Bajé el sonido de la música del móvil y empecé a contar moneditas. 1,20... me faltaban 20 céntimos.. uy. Sin que me hiciera falta poner cara de pena ni nada (porque ya llevaba puesta la de 'hola, me estáis robando') el autobusero me dijo un: ''tira pa dentro que da igual'' con la mirada.

Por la tarde puse mi culo un rato en la silla para hacer cosas productivas pero la calle me gritaba y a pesar de tener doble ventana, la oía.. 
Cuando terminé de ser productiva y el sol se empezaba a esconder me decidí a dar un paseo. 
Como soy una curiosa de la vida y tengo un radar para los accidentes, vi que un local de esos que llevas viendo que son el mismo negocio desde que tienes memoria, estaba en obras.. y asomé la cabeza. 
Fue un vistazo rápido y vi a un señor obrero arrugado sobre si mismo y gritando en mudo con algo rojo chorreandole por la camiseta... Ya está, se ha amputado un dedo - pensé. Pero asomé la cabeza de nuevo por otra esquina de la cristalera y vi que tenía dedo, así que podemos estar todos más tranquilos que el parte médico del obrero solo fue un corte aparatoso.

Para terminar el día se sentó a mi lado en el autobús una persona que me cae mal por haber traído al mundo a una que me cae peor.