Wednesday, September 10, 2014

840 minutos en la T4


 La historia que voy a narrar a continuación es sobre el amor, el dolor, el abandono y McDonald's...

Todo sucedió una noche de verano en la T4 de Madrid Barajas Adolfo Suárez Vodafone Sol Amena Nino Bravo. Volvíamos de un lugar maravilloso del que nunca debimos marcharnos y esto lo sé porque lo sé y porque al volver solo ocurrieron desgracias..

Para empezar, fuimos a preguntar al puesto de autobuses para ver si nos llevaban al hogar.. pero allí ni señora, ni máquina, ni información, ni nada de nada.. una broma todo.
Hasta la 1 la señora de la información debía estar en su puesto... y era menos cuarto. Pero error. Teníamos la hora del Big Ben y resulta que la señora de la información ya estaba en su casa cenando con la teletienda en la tv como única compañía...
Decidimos buscar la máquina de información para descubrir qué mágico autobus nos llevaría pero una niña mexicana más pérdida que nosotras, rompió la máquina.

A todo esto me acompañaba la mujer de nombre comestible, que era la que llevaba la voz cantante, más que nada porque se me había olvidado la voz al hacer la maleta...
Le preguntamos a un señor de Leon y resulta que su autobus pasaba por nuestra casa, pero estaba lleno y no cabiamos ni en el maletero.. nos abandonó.

No sabíamos que hacer con nuestra vida... Teníamos hambre, maletas y tristeza... y una familia que llamaba a nuestros teléfonos para ver si volvíamos o habíamos muerto.
La broma realmente graciosa fue cuando nos dijeron que no había autobús hasta la hora de comer del día siguiente.. nos reímos mucho, nuestra familia también.

Buscamos una fuente de alimentación y recorriendo muchos pasillos y ascensores encontramos el McDonald's que nos salvaría la vida.
Cenamos, desayunamos y almorzamos en aquel lugar de carne de rata entre pan y pan blando... pero no solo eso, establecimos nuestro campamento base en la puerta.
Había una especie de escalón a modo de rampa liliput y nos pareció buena idea poner la cabeza allí como si eso fuera una almohada... error. Por la mañana nuestros cuellos no funcionaban.

Desperté con una camiseta de una discoteca de Gandía en la cara (que horas antes me había puesto yo misma con el agujero del cuello liberando nariz y boca pero tapando ojos y dejandome descansar en el anonimato...) y múltiples toallas por encima. Del susto de no saber porqué estaba durmiendo en algo que parecía un cubito de hielo gigante, me arranqué la camiseta de la cara y clavé el codo con todas mis fuerzas en la cosa blandita que tenía al lado... que resultó ser la niña de nombre comestible.
Fue un accidente porque yo siempre la despierto con amor, comprensión y ternura pero ese día mi codo se levantó emprendedor y quiso saber como sería ser un despertador.

Muchas horas después el aeropuerto ya era como nuestra casa, las señoras de la limpieza nos saludaban por nuestro nombre (no, pero casi) , los cámaras de tv que iban a grabar un reportaje sobre robos nos ponían de ejemplo como supervivientes.. (debido a la estrategia que habiamos utilizado a la hora de asegurar nuestras maletas y crearnos un fuerte) y yo estaba un poco como viendolo todo sin estar viviendolo.

Estaba claro que el universo me quería de vuelta a Inglaterra... me castigó con una sordera de varios días por desobediente.