Monday, February 24, 2014

Una amerindia en Madrid

Algunos nacen con un pan debajo del brazo... yo nací con un mapa... de carreteras, del tesoro, del metro.. no sé, un mapa.

Me levanté una mañana de viernes y como si Dora la exploradora fuese, preparé una mochila y cogí un tren a Madrid.. la aventura empezó cuando me tocó un vagón de ricos.
Lo miré, me aseguré, froté mis ojos.. si, era mi billete, estaba en el sitio correcto... pero ¿cómo? Los asientos eran de cuero, las paredes de madera y el suelo de moqueta... ¡Moqueta!
Me sentía como un polluelo recién salido del cascarón mirándolo todo y sin entender la vida... pero feliz.

Metros y siglos después, llegué a mi destino... porque parece que no, que voy a lo loco, pero no, tenía un destino como Bustamante y Alex...
Recogí a mi compañero de viaje, que era de los que nacen con un pan y que si le hubieran abandonado de pequeño en la puerta de un supermercado se hubiera perdido encontrando la propia puerta...y nos fuimos a otro sitio porque claro, al andar se llega a sitios...
Cuando llegamos al sitio al que teníamos que llegar, él hizo de cuadro y el resultado fue una obrita de arte en su pecho, vamos, que le hicieron un tatuaje y yo lo grabé todo con precisión y pulso... y como no respiro y me pongo tensa para obtener unos planos bonitos... pues yo me llevé un dolor de riñones de regalo y un complejo de columna corintia.

Más tarde nos alimentamos, yo decidí ser antisocial y pedir mi comida en la maquinita (Esto está muy feo porque contribuyo a reemplazar a personas por máquinas y el contacto humano es muy bonito, pero..) total, que aquello era muy extraño y con pasar la tarjeta ya pagabas... ni pin, ni firma, ni ná de ná... y se me ocurrieron muchas cosas malignas con tarjetas ajenas... pero no.
Luego pasó que casi me voy sin pagar del fnac porque me dio un azote de calor cerebral y estaba desorientada de la vida... pero nada, pitó el cacharro anticacos, pasé vergüenza y pagué como si tuviera dinero.

Tras muchos metros y muchos pasos arriba y abajo, tocaba volver a casa... no sin antes poner cara de persona de país eslavo para llamar la atención de una mujer en el metro... soy así, me gusta llamar la atención y seducír ancianos, sobre todo con mi bufanda de tres vueltas... Pero no, no soy eslava, ni geisha... soy bisnieta de la hija de Pocahontas y John Smith, de ahí una cara tan rara... ''exótica'' como dice mi madre cuando quiere maquillar un ''fea''.

Abandoné a mi compañero a su suerte tras todas las aventuras... le dejé en la puerta del autobús con un profundo temor a que se desorientara y no pudiera volver a casa, pero nuestros caminos tenían que separarse porque yo necesitaba una madre que me diera dulces en compensación al cansancio.

Un bonito funcionario me hizo creer que jamás volvería a casa porque su sistema había colapsado y quedaban 5 minutos para el tren... yo ya estaba pensando un lugar estratégico de la estación donde echarme a dormir sin que me robaran los zapatos, pero el universo quiso que durmiera calentito y conseguí mi billete como una campeona..


Ya no me salen los moquetes negros, se nota que he vuelto de Madrid..