Tuesday, October 15, 2013

Cuando el despertador funciona... funciona.


Todo comenzó a las 7 de la mañana... 
Mi responsabilidad y mi conciencia (que trabajan de lunes a jueves todas las mañanas y algunas tardes...) decidieron que tenía que salir de mi cómoda y calentita cama para convertirme en una mujer de provecho.
Recibí un whatsapp de la chica de la habitación de al lado, que en principio, interpreté como una broma... decía que pasaba de mi culo y se quedaba en la cama.
Me metí en la ducha con la esperanza de encontrármela por ahí purulando al salir... pero no, era cierto, pasaba de mi culo. 

Salí dirección purgatorio y en vez de una cestita, llevaba una mochila. Andaba yo trepando montes en la oscuridad de esas horas... Sola, con unas plataformas dignas de los 90... que podría haberme atacado el mismisimo Belcebú y no tener escapatoria. Pero no... llegué a clase, alimenté mi cerebro y un poco más tarde mi estómago también.  

Llegué a casa esperando que mi grupo doméstico diera señales de vida... pero no. 
Años luz más tarde... en pleno extasis de concentración traduciendo mis propios apuntes, apareció una niña de pelos amarillos y ojos de mar.  Preguntome si podíamos ir de paseo, y claro, una no puede negarse cuando la ofrecen salir a vivir. 

Lo que iba a ser un paseito... se convirtió en una cena americana. 
Era el último día que en ese restaurante (que estaba claramente por encima de nuestra posibilidades) tenían oferta de 'comen dos y paga uno'. 
Para que esto fuera así, había que descargarse un no sé qué de no sé qué página... pero claro. Estábamos en los confines de la tierra... no podíamos volver a casa a imprimir tal cosa... además, tampoco teníamos impresora... 
La cosa se ponía fea... nuestros ojos y estómagos ya se habían enamorado de aquella grasienta comida.
Intentabamos con fuerza que nuestros móviles (que funcionan con energía solar y era de noche) cargaran la página que nos haría poseedoras de la oferta. Pero no ocurría.
Entonces apareció un ángel en forma de dueño del restaurante... tanta penita le dimos, que se ofreció a imprimirnos él la oferta. 

Con felicidad renovada, comimos hasta que nuestros pantalones dijeron: Para, por favor. 
Bueno, en realidad fue solo mi pantalón porque la niña de ojos de mar, y aunque no lo reconocerá... llevaba un pantalón de pijama. (Claro, así... como no vamos a dar penita)
Nuestras venas y arterias lloraban... pero nuestro estómago era feliz.

Salimos del restaurante con la compra, cosa que olvidé mencionar, pero fuimos a comer a un restaurante con la compra del día (Dia el supermercado) porque somos así, originales... o tontas, no sé. 
Nuestra idea de volver a casa en autobús se desvanecía puesto que, olvidamos cargar el bonobus y teníamos que dar tiempo a nuestro cuerpo para recuperarse con un paseíto...
El paseíto nos llevó a nuestra segunda casa... cualquier lugar donde sirvan Moscato. 

No todo era feliz... puesto que al llegar, se encontraba en la puerta un Pantalone, es decir, un viejo verde perseguidor de jovenzuelas... presenciamos la escena desde una distancia prudente.
La hermana mayor gritaba al señor porque, por lo visto, llevaba días acosando a una muchacha... observandola hasta cuando iba a comprar el pan.
El señor se marchó, despacio y con calma... y los señores de la ley acudieron cuando ya no ocurría nada, ni siquiera la lluvia.
Aunque el hombre había marchado elaboramos un plan por si nos cruzabamos con él en nuestro regreso a casa. Nuestra técnica de defensa consistiría en tirarle natillas hasta que suplicara por su vida... natillas... porque era lo único que habíamos comprado, pero teníamos para alimentar a todo el ejército del aire. 

Un siglo después llegamos al hogar. 
Todo era paz... mis pies volvían a ser libres, pisaban el suelo descalzos olvidando que una vez se hicieron daño... (porque mis piecitos y yo somos muy así, de vivir el presente) cuando de pronto... un nórdico de lunares entró por la puerta de mi habitación pidiendo con una vocecita: ¡Ayúdame...!¡Ayúdamee..!
No era ninguna broma. 
Era Priscila disfrazada de demoño del nórdico, pero, realmente estaba atrapada.... ella es así... se mete de lleno en el asunto que tenga entre manos, en este caso, cambiar la funda a un nórdico. 
Conseguí sacarla en perfecto estado y ahora mismo está poniéndose morada a capítulos de American Horror Story... 
Temo porque sé que mañana volveré a estar sola en el camino. 

Friday, October 4, 2013

La soja no es tan buena como la pintan...

A veces el universo nos envía señales que no queremos ver... a mí ayer me envió una muy clarita que no pude esquivar.
Empezaré la historia como debe ser, por el principio de los tiempos...

Una serie de acontecimientos me venían indicando desde hace tiempo que he cogido peso... unos pantalones que ya no entran, un coche que arranca con más dificultad cuando tu subes....una madre que te lo dice a la cara y sin delicadeza... esas cosillas.

Yo no quería darme cuenta. Cuando entraba en la ducha hacía un baño turco para que el espejo se empañara y no tener que verme en el reflejo... pero ayer....Ayer una señal divina me hizo comprender.
Cenar dos veces es, además de un lujo, un exceso.
 Siendo estudiante cenar dos veces es también vivir por encima de mis posibilidades, pero a mi me gusta vivir así... como una gordita feliz.
Anoche, cuando estaba cogiendo del altillo comida mala de sobre para cenar.. (Que sí, la comida de sobre es mala malísima como el demonio pero los tupper recalentados también, a mí no me engañáis) pues ocurrió que no me apetecía subirme a la banqueta (así somos la gente bajita, muy de no aceptarlo... además que a mí me gusta hacer el ridículo y prefiero alcanzar las cosas a saltitos) y por eso, tentando la suerte, tiré un bote de salsa de soja sobre mí.
Todos sabemos ya a estas alturas de la vida, que me gusta que me caigan botes de cristal en la cabeza para sentirme viva... pero no fue así. Esta vez el bote se rompió en el suelo.
Lloré, y lloré por varias razones... primero porque se había roto y desparramado... eso suponía no comer más salsa de soja y tener que fregar,porque si lo dejas secar verás tu luego para quitarlo... aventura. (A todo esto, lo dejé secar... vivo al limite)

Seguí con mi vida y derrepente vi que tras de mi dejaba huellitas de sangre y entonces sentí el dolor. Un cristal había decidido hacer su vida en la planta de mi pie...
Esta serie de catastróficas desdichas me hicieron pensar... interpreté la situación como que cenar dos veces era un error. Lo de que debería dejar de guardar mis cosas en los armarios altos he decidido pasarlo por alto, igual que lo de ponerme zapatillas para estar en casa... (mis padres llevan toda la vida intentando que me las ponga, de hecho me las llegaban a atar con gomas... pero esa historia ya la contaré otro día... y quiero dejar claro que si lo hacían era por amor) mis pies merecen libertad.
El caso es que, la sangre seca también sale muy mal... pero me parecía que quedaba artístico. Decidí dejar ahí el recuerdo de lo que había pasado.

Hoy es un día triste porque no puedo comer salsa de soja.