Tuesday, September 17, 2013

Yo he venido aquí a quejarme


Mi primera queja del día se la dedico a ONO....
La verdad es que guardo cierto rencor a la empresa desde que Jorge, más conocido como JorgetécnicodeOno (Así, todo junto) acudió a casa de Priscila porque, qué raro, internet no iba. 
Resumiendo, JorgetécnicodeOno dijo que internet sí funcionaba, lo que por supuesto era mentira... se lo demostré intentando cargar una página al azar pero él se marchó ignorándome, un poco como todos.
No solo se marchó así, maleducadamente y dejando su aroma a sudor por toda la sala... también dejó una factura bien carilla por no hacer nada.
Yo me encargué de comunicarle por la ventana que la página seguía sin cargarme pero se fue. Creemos que se metió en el coche a llorar por su incompetencia pero no estamos seguras.
El caso es que, llamadme loca, hemos contratado ONO en casa.... y escribo esto con temor a que nunca se lea por su culpa.
Hemos tenido que llamar a su teléfono 902 más que una novia celosa... y bueno, creo que acabaría antes construyendo una máquina de viajar al pasado y preguntándole a Van Gogh sobre sus obras que cargando la página de google.
Yo quiero ser aplicada pero como veis, no me dejan.

Bueno, ahora y como siempre... paso a contar las desgracias de mi vida, que no son pocas.
El otro día, es decir, este fin de semana... fui yo muy feliz y contenta a la feria a montarme en los cacharritos, porque soy así, una adolescente. 
Total que acabamos montándonos en todas las atracciones que producen dolor... esas que es mejor que una madre no vea. Tras montar en una atracción de extremo peligro en la que los asientos giran en todas las direcciones posibles, te elevan que podrías dar la mano a un ángel, oyes como el tornillo chirría, lloras y rezas al universo para que te deje sobrevivir con la condición de que comerás verdura... nos fuimos a los coches de choque, que aunque no lo parecen... son casi más peligrosos. 
Si mi madre hubiera estado allí, se hubiera metido en plena pista y me hubiera sacado en mitad del primer viaje... justo en el momento en el que mi copiloto y yo recibíamos un tremendo golpe que dobló nuestras cabezas y sacudió nuestros cerebros. Yo noté tal sacudida que ahora tengo confundidos los hemisferios, y no es broma.
Los siguientes golpes fueron normales, costillas, muslos... pero el peor de todos sin duda, fue el choque frontal que me sacó volando del cochecito e hizo que mis rodillas (ambas) colisionaran con el borde más duro del coche. Tras esto me quedé sentada en el asiento, temiendo por un golpe más, sin atreverme a mover la piernas, temiéndome lo peor... pero al ratito se me pasó y un padre con su hijo decidieron atacarnos... a mí me daba apuro porque era un niño casi bebé pero el padre pensaba que su brazo era super poderoso para protegerle y no tenía reparo en chocarse como un suicida.

Tras sobrevivir a esto, con muchisimos euros menos en la cartera... emprendí rumbo con Priscila a la ciudad en la que vivo. 
No eché gasolina porque confiaba en llegar al menos justita... y sí, llegué. Pero... ¿Qué ocurre cuando no tienes dinero para echar gasolina y estas rozando la reserva? Pues que el Gps decide mandarte a los confines de la tierra...
Me explico. Marta es mi Gps (Yo no le puse el nombre, venía de serie). 
Marta, es una pesada, en las líneas rectas me vocea que siga recto... pero, cuando hay que girar, no me avisa. Total, que decidí apagarla y seguir mi intuición (es decir, leer carteles). El coche ya iba diciéndome que quería gasolina y yo no veía el momento de entrar en la ciudad... vamos, lo que yo llamo aventura.
La verdad es que muchas veces solo pongo a Marta para que me haga compañía pero últimamente es peligrosa... no sé que pretende. Yo la coloco perfectamente en la luna pero a mitad de viaje, se suicida... hay varios testigos que pueden confirmar lo que digo.

Para terminar, una queja más...
Las mesas de la universidad.
Por favor ¿Quien las ha diseñado? ¿El diablo? Ese aparato que no sé ni como llamar... anula mi creatividad. 
Deja las espaldas de los alumnos hechas un ocho... no sabes ni qué posición adoptar.
No sé en qué se gastaran el dinero de las matrículas pero en ordenadores y mesas decentes, desde luego, no.




FIN.